EL
JARDINERO FIEL
Esta mañana
he vuelto a encontrar la tapa el váter levantada, la luz encendida y al gato
salir corriendo dejando un reguero que me llevaba hacia la terraza. Allí
pensaba acorralarle y cogerle por las orejas. Cuando el timbre del telefonillo
me hizo cambiar de rumbo. Al otro lado una voz cabreada y aguda me decía:
"¡Señora!, ¡que no son horas de regar!". Corrí hacia la terraza y me
encontré con Sergio sacando su pequeña manguera. ¡Ya decía yo, que mis flores
estaban mustias!
ESPERANDO
A ULISES
Aparentemente
eran una familia normal. Él tirado en un sillón mira la televisión mientras
ella le acerca un vaso de té. Temblorosa, y la voz entrecortada por las
lágrimas le dice: "no puedo más, me voy. El miedo la paraliza. Siente el
aire que la corta cuando él se levanta del sillón y sube las escaleras de dos
en dos, coge a la niña que dormita y amenaza con arrojarla por la ventana. No
se irá. Los años han arrugado su rostro, endurecido su mirada, pero le sigue
acercando el té mientras él sigue tumbado en el sillón. Se sienta en su butaca
frente a la ventana mientras hace y deshace su puzle.
GERÓNIMA
Y JUAN
Como los
ángeles al caer el sol Gerónima y Juan recuerdan su vida juntos. Nada hace
pensar que después de coronar las ruinas del Castillo de aquél pueblo
abandonado de la Sierra, me encontraría con ellos. Nadie se dió cuenta de su
presencia, sólo yo. Allí estaban, inmóviles, mientras el sol comenzaba a
ocultarse tras las montañas y sus rayos les reflejaban, parecía una visión
sobrenatural. Gerónima y Juan llevan años tumbados observando el atardecer.
El
Joven Rey Oscar Wilde
En la
guerra, los fuertes esclavizan a los débiles, y en la paz el rico esclaviza a
los pobres. Tenemos que trabajar para vivir, y nos dan sueldos tan míseros que
nos morimos. Trabajamos para ellos de la mañana al a noche, y mientras ellos
amontonan oro en sus cofres, nuestros hijos se marchitan antes de tiempo y los
rostros amados se vuelven duros y malos. Nosotros pisamos las uvas y otros
beben el vino. Sembramos el trigo y nuestra mesa está vacía. Estamos
encadenados aunque ningún ojo lo ve, y somos esclavos aunque los hombres nos
llamen libres.
¡QUE
DESASTRE!
Pedro, el oculista, ha salido
corriendo al oir la explosión. Una inmensa nube de polvo impedía ver lo que sucedía.
Con mucho cuidado conseguí llegar al edificio donde los vecinos salían
atropelladamente. El Sr. Ángel, salió gritando; ¡Socorro que nos invaden los
marcianos!. En un momento aquello se llenó de policías, bomberos y samur.
Parecía una pista de baile aunque el sonido no fuese el mejor para bailar.
Alcancé a ver algo que se movía entre los escombros. Una niña de ojos color
caramelo movía los labios intentando decirme algo. Me acerqué y me susurró.
-¡Yo solo quería hacer palomitas!-
CUANDO
NOS DEJAN
Hasta que decidimos volver a
colgarla en la pared, no se quedó tranquila. No le soportaba, pero ahora que se había quedado sola, aquella fotografía parecía su única compañía. Esa mañana fue una de tantas.
Nada nos hizo sospechar. Se levantó, se vistió, desayunó y se sentó en su
rincón favorito frente al ventanal. En un mullido sillón donde además de contemplar
el amanecer y el ocaso, dormitaba después de comer mecida por el rumor de las
olas. ¿Estás bien?, pregunté. Me cogió la mano apretándola ligeramente, levantó
la mirada hacia la fotografía, esbozó una sonrisa y me dijo adiós. Mientras una
amarga y triste lágrima se deslizaba por mis mejillas.
¿JUSTICIA?
Mañana va a llover. Descorrió la
cortina y un tímido rayo de sol le acarició el rostro. En el cielo de un
intenso color azul no había ni una sola mancha blanca que hiciera presagiar tal
cosa. Volvió a sentarse en su sillón, desgastado ya de tantos y tantos años
tomando declaraciones. Sobre la mesa, atiborrada de papeles aún por firmar, su
libro de memorias y la lámpara de Tiffani, el ordenador donde había aprendido
informática para no quedarse obsoleto. La vieja estantería llena de libros a
los que consultó sus pocas dudas. Un toque en la puerta le hizo volver de sus
reflexiones. Sr,¿ está preparado?, el Tribunal nos espera. ¡Ahí si, que va
haber tormenta!
FALSA
Seguimos sin hablarnos. Todo comenzó
cuando terminamos los estudios, queríamos comernos el mundo. Me propusiste que
pusierámos un negocio. Todo iba sobre ruedas coche nuevo, casa unifamiliar,
tren de vida a todo trapo. Algo me decía que abandonara el proyecto. Y lo hice.
Meses después me llamas llorando pidiéndome ayuda. Mi mala cabeza me decías. Tú
mala cabeza no, tu ganas de vivir por encima de tus posibilidades, pero no me
atreví a decírtelo. Sin embargo, me creí una vez más tus mentiras y te ayudé a
sabiendas de que aquello era invertir a fondo perdido. Me dejé embaucar, fui
incapaz de articular un no. Caí en tu inmensa tela tejida a base de engaños,
risas forzadas y palabras vacías. ¿Sigues creyendo en tu buen corazón?, no te
engañes más, nadie te dá la vuelta. Te la dás tu solita. Después de aquello
nada ha vuelto a ser igual.
UN
DOMINGO MUY ESPECIAL
¿Por cierto,
hoy es domingo?
Sí cariño, sí, hoy es domingo. Me dijo mamá, con su eterna y paciente sonrisa. Esperaba con impaciencia este dia por que era muy especial.
Para Clara, significaba estrenar vestido, dándonos todo tipo de detalles sobre el mismo y sobre la costurera, además de utilizar como pasarela, el pasillo central de la iglesia. Claro, con el beneplácito del cura. Era una niña tan mona.
Para mi, significaba mucho más. Disfrutaba (sentada en el suelo, apoyada la cabeza en sus rodillas, mientras me acariciaba el pelo), escuchando ese cuento donde yo era la protagonista. Veía a mamá tan feliz, que hubiera dado la vida por que no se marchara.
Sí cariño, sí, hoy es domingo. Me dijo mamá, con su eterna y paciente sonrisa. Esperaba con impaciencia este dia por que era muy especial.
Para Clara, significaba estrenar vestido, dándonos todo tipo de detalles sobre el mismo y sobre la costurera, además de utilizar como pasarela, el pasillo central de la iglesia. Claro, con el beneplácito del cura. Era una niña tan mona.
Para mi, significaba mucho más. Disfrutaba (sentada en el suelo, apoyada la cabeza en sus rodillas, mientras me acariciaba el pelo), escuchando ese cuento donde yo era la protagonista. Veía a mamá tan feliz, que hubiera dado la vida por que no se marchara.
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