El despertador sonó de tal forma que
me sobresaltó. Si no tengo prisa por salir de la cama ¿para qué lo he puesto?.
Con lo bien que estoy en los brazos de Morfeo. Además hoy mi agenda está vacía.
Hace tiempo que no me estiraba así, enroscada de tal forma que mis pies casi
tocan mi cabeza. Ha tenido que ser muy dura la noche porque mi cerebro todavía
duerme. No soy capaz de empujarme hacia el baño y darme una ducha. Venga un
último esfuerzo. ¡Eso es!. El agua está a la temperatura idónea, cae desde mi
cabeza hasta mis pies, me hace sentir bien, pero de seguir así mas tiempo voy a
parecer un garbanzo. Prepararé café, eso me espabilará. Mis tostadas con
aceite, tomate, sal y una pizca de albahaca. ¿Pero que hice anoche que estoy
tan aturdida?. Y ahora el teléfono, por si fueran pocos todos los ruidos que
tengo alrededor.
- Hola Clara.
- ¿Se puede saber que hicimos
anoche?. Vale, no me digas mas.
Recuerdo la visita al museo y aquel
cuadro sin nada especial donde uno de los personajes tenía una mirada que
subyugaba...
¡No me lo puedo creer!. ¿Dime que no
lo has hecho?.
Esos ojos se me quedaron clavados de
tal forma, que sentí miedo cuando la luz dela escalera se apagó mientras
buscaba las llaves en el bolso.
-¡Eso es!. Y cuando fui a abrir la
puerta sentí un suave empujón, unos brazos fuertes me sujetaron y para no
chillar me tapó la boca con un apasionado beso... ¡Será cerdo, no me ha dejado
ni los muebles!.
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