jueves, 5 de febrero de 2015

TAL VEZ ESTA TARDE LLUEVA



Amanece y un tímido sol toca suavemente en el cristal. Me estiro, enroscándome más entre las sabanas. Con gran esfuerzo consigo sacar un pie primero y luego el otro. Amodorrada todavía, me levanto y abro despacio las cortinas. El sol, como un niño maleducado, pasa a empujones  porque quiere ser el primero en inundarlo todo de luz. En un acto reflejo mis manos acuden raudas a tapar mis delicados ojos. Me pongo un chal sobre los hombros y me dirijo a la cocina a preparar café. Mientras lleno el tanque de agua un suave gorjeo llama mi atención. Una vez más no deja de sorprenderme el maravilloso paisaje que tengo ante mí. Rodeada de montañas y todo un inmenso bosque donde hacer su nido, dos pajarillos deciden cortejarse en el alfeizar de mi ventana. Cojo el pan que hay sobre la mesa y salgo al jardín a esparcir las migas. La brisa fresca acaricia mi rostro dándome los buenos días y los pajarillos de los alrededores vienen en bandada a dar cuenta de los pequeños trozos que he ido dejando caer. Mis pies descalzos, notan las frías gotas de rocío que aún no absorbió la tierra. Abro los brazos e inspiro el suave aroma de la naturaleza. En el cielo, una pequeña mancha blanca me hace pensar, que tal vez esta tarde, llueva.

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